Nora está comenzado un examen en la plataforma de aprendizaje en línea. Ha puesto en pausa su trabajo en casa por un rato para invertir tiempo en mejorar su carrera profesional y ahora está lista ante su laptop.

Le conceden una hora y cuarenta minutos para realizarlo.

Este es su segundo intento. El primero fue un desatino luego de otro y ella misma lo saboteó un poco más cuando desganadamente comenzó a responder aleatoriamente.

La segunda vuelta del examen iba a ser la definitiva. Ella Intensificó las lecturas y buscó videos y un par de libros para complementar el tema. Ahora si, está preparada.

Se toma tiempo suficiente para considerar cada respuesta. Algunas preguntas parecen capciosas. Las medita un poco más.

En cosa de 30 minutos ya ha respondido la mitad del examen. A este paso estará del otro lado de la evaluación con tiempo de sobra.

Este es el penúltimo paso para completar el curso y obtener un certificado. Se permite a sí misma anticiparse mentalmente un poco, ¿qué tal obsequiarse algo para festejarse el logro?.

Suena el celular.

Es de la escuela de su hija. La niña no se siente bien. “Ya mismo voy por ella”, dice. Hace su cálculo. Toma siete minutos llegar al metro. Otros veinte, cuando mucho, de trayecto. Un taxi, ni hablar. No en esta ciudad justo a esta hora.

Apuradamente se prepara para salir. Una ocurrencia providencial: podría continuar la evaluación en tránsito, desde su celular.

Con nerviosismo siente que el recorrido al metro consume demasiado tiempo. En la estación comprueba que no fue así, casi seis minutos. Aborda un vagón del metro e inicia sesión en la plataforma de aprendizaje.

Hay un problema. Los textos y los botones en la pantalla son ridículamente pequeños. Lo que está mirando es una miniatura de la página que estaba usando en casa. Los elementos importantes de la pantalla no están a la mano. Tiene que usar un par de dedos para ampliar o reducir los contenidos. Es incómodo. No es práctico. Se demora involuntariamente. Comete errores. Sin intención ha presionado botones que no necesita usar al tratar de cambiar la escala o intentando desplazar la pantalla.

Alguien a cargo de la plataforma de aprendizaje cometió una omisión tremenda.
¿Quién, en el área de TI, no sabe que la mayoría de las personas hace uso de servicios en línea mediante sus dispositivos inteligentes?. Pero los administradores de la plataforma de aprendizaje en línea la lanzaron a producción sin tomar la previsión de que fuera adaptable a pantallas menores.

Con varias preguntas aún por responder, Nora llega a la escuela por su hija. Parece ser una infección intestinal. La niña tendrá que pasar un pequeño rato de malestar, pero estará bien, le dice la doctora.

Nora obtuvo una calificación algo menor a la que aspiraba y le irrita recordar la experiencia. El grado de dificultad del examen no fue la causa sino la plataforma que le presentó una experiencia de uso complicada que consumió tiempo valioso.

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¡Que se pueda usar en el celular!. Es una de las constantes de los clientes cuando nos piden la configuración de sistemas que van a operar en la web, como los sistemas de gestión de contenido, los de educación en línea, de eCommerce, de CRM y otras plataformas.

La mayoría ha pasado por la desagradable experiencia.

!Los visitantes se van cuando la página no se adapta al celular!. Manuel, un amigo y cliente, bastante expresivo, casi grita ¡Ya no estamos en los noventa!. Y lo entiendo. Los clientes ni siquiera deberían ser explícitos con este tema.

Cuando iniciamos esta empresa en 2013 ese fue uno de nuestros entendidos: La adaptabilidad de los contenidos y las aplicaciones para Internet tendría que ser una característica de facto. Para que no se repitan más situaciones como en la historia de Nora y su examen.